Ante la tragedia venezolana, los derechos humanos y la democracia no pueden supeditarse al respeto del derecho internacional, y menos para respetar la soberanía de Estados tiránicos.
Ante la tragedia venezolana, los derechos humanos y la democracia no pueden supeditarse al respeto del derecho internacional, y menos para respetar la soberanía de Estados tiránicos.