Fue tras el rezo del Ángelus en el primer pronunciamiento del pontífice ante el ataque norteamericano-israelí a Irán y la réplica de la nación persa.
Advirtió que “la estabilidad y la paz no se construyen con amenazas recíprocas, ni con las armas, que siembran destrucción y muerte, sino sólo ante un diálogo responsable”.
