Llegar siempre temprano no es gratis. Se paga con ansiedad, con la incapacidad de ser espontáneo, con el resentimiento silencioso que se acumula cuando los demás tratan el tiempo con ligereza y no sufren consecuencias por ello. Navegación de entradas Las personas que siempre llegan temprano no son simplemente organizadas: crecieron en un entorno donde llegar tarde traía consecuencias que nada tenían que ver con la puntualidad El ascenso del homo ludens y la comunicación memética