El régimen de los ayatollahs no caerá inmediatamente, pero se descompone de modo inevitable por un creciente repudio desde la calle a una economía colapsada, la desigualdad y el uso de la religión como herramienta de control social. Un modelo que no deja de ser desafiado. La historia moderna de Irán y de esta revolución es de una constante pérdida de oportunidades también por parte de Occidente.
